maio 23, 2013

"Salud mental, lucha de clases", por Miguel Huertas

PICICA: "Todo desarrollo nace del conflicto. La falsedad del “progreso” y del desarrollo lineal de la Historia (según el cual cuanto más reciente, mejor) es evidente cuando abrimos los ojos y vemos la que se nos viene encima: una norma que legaliza de nuevo la total tutela estatal sobre los cuerpos de las mujeres y que nos traslada treinta años atrás, el concepto de peligrosidad social de la dictadura franquista, condiciones laborales cada vez más parecidas a las que había a principios del siglo XX… El progreso no existe, todo es un tira y afloja: la lucha de clases. Las luchas del pasado conquistaron nuestros derechos, y la lucha (o ausencia de lucha) del presente decidirá nuestro destino.

El capitalismo es una patología socioeconómica que chorrea hacia abajo y nos destruye, por lo tanto, la cura estará en una vuelta en orden: en cambiar de sistema.

Todas las luchas son la misma lucha.

Y la lucha es el único camino."


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Salud mental, lucha de clases



La mejora de la medicina alargará la vida humana, pero la mejora de las condiciones sociales permitirá lograr ese fin más rápidamente y con mayor éxito… La receta se puede resumir así: democracia plena y sin restricciones”,
RUDOLF VIRCHOW

Virchow, el autor de esa cita, no fue ningún militante de la izquierda revolucionaria, sino un científico, responsable entre otras cosas del concepto de proceso patológico que se emplea hoy en día. En su práctica profesional defendió firmemente la existencia de una estrecha relación entre el proceso salud-enfermedad y las condiciones económicas y sociales, afirmando que “la política es medicina a gran escala”.

No se puede negar la brutal ofensiva del capitalismo sobre el derecho a la salud, especialmente en estos tiempos. El proceso de degeneración y privatización de la sanidad pública es parte de un proceso más amplio de deterioro de las condiciones de salud y vida, como consecuencia del paro y miseria masivos, que son resultado del monstruoso saqueo de la oligarquía (especialmente financiera) sobre el pueblo trabajador. Es cierto que el gobierno del PP representa ahora el papel de verdugo de todos nuestros derechos sociales, pero es imprescindible tener en cuenta que el proceso de desintegración de la sanidad pública comienza más atrás: de la mano del PP, pero también del PSOE y de las derechas nacionalistas, con la aprobación de la Ley 15/97, la bisagra legal que permite la oleada de privatizaciones que sacude nuestros derechos fundamentales. Por un lado, se pasa a manos privadas todo lo que sea rentable y, por otro, se deteriora lo más posible la sanidad pública, sobre todo tras la Reforma Constitucional promovida por el PSOE y apoyada por el PP y las derechas nacionalistas, por la cual se establece la “prioridad absoluta del pago de la deuda” por encima de cualquier otra necesidad. Esto revela que la cuestión fundamental no es el partido que gobierne, sino si el Estado sirve a la minoría que tiene el poder económico o a la amplia mayoría popular y, sobre todo, si el sistema socioeconómico está construido para beneficio de unos pocos o planificado para cubrir todas las necesidades sociales.

El proyecto para una nueva ley del aborto, que pretende volver a una fórmula de “supuestos”, sólo es otra faceta del mismo proceso de destrucción de los derechos sociales conquistados por las luchas de aquellos y aquellas que nos precedieron. Con este proyecto de ley se pretende volver al pasado, un pasado más oscuro en el que el derecho de las mujeres a decidir sobre sus cuerpos se “clinicaliza”, arrastrando su dignidad y la dignidad profesional de las trabajadoras y trabajadores de la salud mental que son obligados a adoptar un papel de “juez” que no les corresponde. Como bien refleja el último número de la revista de la Asociación Madrileña de Salud Mental, esta dignidad profesional queda aún más vulnerada, dado que este personal sanitario avalará la posibilidad de una práctica que sólo podrá ser realizada en la sanidad privada.

El proyecto de ley de aborto y el intento por parte del Estado de recuperar el concepto de “peligrosidad social”, aunque son temas de vibrante actualidad, no son nada nuevo en el panorama de la lucha de clases. El intento por parte del poder establecido de controlar reivindicaciones sociales y políticas haciéndolas pasar por el aro de la salud mental es un viejo truco que ya pudimos ver en los años de posguerra de la mano del psiquiatra fascista Vallejo Nágera. Este personaje, buen ejemplo de que el campo de la salud -al igual que cualquier otra disciplina- está atravesado por cuestiones políticas y al servicio del Estado, teorizaba sobre la posibilidad de que las convicciones de izquierdas estuviesen causadas por una malformación orgánica o disfunción constitucional, además de considerar que las mujeres políticamente comprometidas o simplemente insumisas sufrían un tipo de retraso mental.

Este mismo tipo de control a través de la salud mental, aunque más sutil e incluso invisible para la gran mayoría de pacientes y profesionales, podemos observarlo en la práctica clínica diaria. Cualquier estadística de estos últimos tiempos o de otra de las crisis cíclicas del capitalismo, muestra que a medida que empeoran las condiciones de vida de la amplia mayoría trabajadora (cuatro millones de parados sin ningún tipo de subsidio, desempleo juvenil por las nubes, hipotecas imposibles de pagar que llevan al drama del desahucio), aumenta el número de trastornos mentales registrados. Entre estos trastornos, los casos de depresión y suicidio son los más llamativos: su origen es claramente social, pero su “solución” es de tipo individual. Los elementos que son la base del trastorno (los problemas sociales y económicos) son considerados como inmutables y el tratamiento pasa, cada vez más, por la administración de psicofármacos. ¿Qué ocurriría si la “solución” para este tipo de problemas en lugar de centrarse en tratamientos individuales y medicalizados, fuese una solución de tipo colectivo que pasase por la lucha social?

Desde siempre nos han estado bombardeando con su ideología, desde sus medios de comunicación, sus institutos, sus universidades… Una ideología que nos intenta convencer de lo absurdo: de que las cosas no se pueden cambiar, de que nuestras luchas (y por tanto nosotros y nosotras) no tienen conexión entre sí, y de que todo proceso sigue un desarrollo progresivo y lineal.

Todo es FALSO.

Nada es estático o inmutable. Todo lo contrario: las cosas de nuestro alrededor son dinámicas y están en continuo desarrollo, algo especialmente importante en el caso de los problemas sociales y que lleva a la conclusión de que es posible forjar alternativas, construir una voluntad colectiva que cambie el curso de los acontecimientos (aunque lo intenten impedir por todos sus medios).

Todo está interrelacionado. Las luchas están actualmente aisladas o, en el mejor de los casos, débilmente conectadas. Las Mareas (mareadas) Verde y Blanca no hacen mucho más aparte de gastar sus recursos humanos sin mucha eficacia, y en el centro de este problema está el hecho de que ambas luchas se siguen viendo como dos elementos separados, en lugar de verse como partes que componen algo más grande. La lucha contra la privatización de los servicios públicos y contra los recortes en derechos sociales tampoco es diferente de la lucha contra los desahucios, un problema terrible que está causando y causará cada vez más muertes, siendo el Estado español (y el sistema capitalista al que sirve) culpable de asesinato social. Todas las luchas sectoriales o locales (contra la LOMCE, contra la privatización de la Sanidad y la ley 15/97, contra Eurovegas…) son facetas de la misma gran batalla: la que el pueblo trabajador libra contra el sistema que nos explota y el Estado que nos oprime. La creación de una asamblea en un centro de estudios o centro sanitario, aunque sea modesta en cuanto a número, es más positiva que un millar de asistentes adicionales a la próxima convocatoria-procesión de las Mareas. Si somos capaces de conseguir que las diferentes formas de auto-organización de trabajadores y trabajadoras, estudiantes, o personas afectadas (pacientes, familiares), se coordinen de forma efectiva para la lucha, habremos conseguido más de lo que ninguna Marea logrará nunca.

Más allá de las fronteras legales del Estado español, la lucha sigue siendo una misma, dado que la crisis estructural del capitalismo (y por tanto la ofensiva que lanza contra los y las trabajadoras) es de escala mundial: a finales de Abril, la Policía entraba en las Facultades del campus de Somosaguas de la Universidad Complutense para reprimir a estudiantes que ejercían su legítimo derecho a huelga; paralelamente, en Buenos Aires, los antidisturbios cargaban para disolver la protesta de profesionales, pacientes y familiares en el hospital psiquiátrico Borda con el saldo de diecisiete heridos.

Incluso el proyecto de la ley del aborto y la Reforma Laboral (y sus predecesoras) obedecen al mismo objetivo: afianzar ante la crisis los pilares de opresión de clase y opresión patriarcal que sustentan el sistema capitalista.

Todo desarrollo nace del conflicto. La falsedad del “progreso” y del desarrollo lineal de la Historia (según el cual cuanto más reciente, mejor) es evidente cuando abrimos los ojos y vemos la que se nos viene encima: una norma que legaliza de nuevo la total tutela estatal sobre los cuerpos de las mujeres y que nos traslada treinta años atrás, el concepto de peligrosidad social de la dictadura franquista, condiciones laborales cada vez más parecidas a las que había a principios del siglo XX… El progreso no existe, todo es un tira y afloja: la lucha de clases. Las luchas del pasado conquistaron nuestros derechos, y la lucha (o ausencia de lucha) del presente decidirá nuestro destino.

El capitalismo es una patología socioeconómica que chorrea hacia abajo y nos destruye, por lo tanto, la cura estará en una vuelta en orden: en cambiar de sistema.

Todas las luchas son la misma lucha.

Y la lucha es el único camino.

Miguel Huertas. Militante de Red Roja.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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Fuente: Rebelión

"XI Caminhada de Lésbicas e Bissexuais de São Paulo", texto de Mariana Rodrigues.

PICICA: "Muitas são as demandas políticas lésbicas e bissexuais, como por exemplo, a questão da saúde, compreendendo que os tratamentos e os protocolos de atendimentos médicos não atendem as necessidades das mulheres lésbicas e bissexuais e, que há um profundo desconhecimento sobre a realidade de mulheres lésbicas e bissexuais, no que se diz respeito a cuidados com a saúde e sexualidade. Além disso, pouco se fala sobre a questão da saúde mental e os impactos devastadores que a lesbofobia, o sexismo e a misoginia causam no bem-estar físico e mental de mulheres que não seguem a norma heterossexual." 



XI Caminhada de Lésbicas e Bissexuais de São Paulo

Texto de Mariana Rodrigues.

No dia 21 de junho de 2003, pela primeira vez, mulheres lésbicas e bissexuais ocupavam a Avenida Paulista para celebrar seu amor e também para marcar o início da Caminhada de Lésbicas e Bissexuais de São Paulo com o primeiro nome de “Caminhada de Lésbicas e Simpatizantes da Cidade de São Paulo”. A Caminhada, desde então, se configurou como um ato político que representa até hoje um marco nos movimentos de reivindicação a favor dos direitos de lésbicas e bissexuais que historicamente lhes são negados por conta do sexismo, misoginia, lesbofobia e bifobia tão fortemente presente em nossa sociedade.

A Caminhada surgiu num contexto de militância bem especifico de invisibilidade política e social de lésbicas e bissexuais na época que, de uma certa forma, permanece o mesmo até hoje. Este contexto de invisibilidade é constituído e reforçado pela perpetuação dos estereótipos de gênero arraigados na sociedade em que, antes de pertencermos uma identidade gay ou lésbica, somos criados e nos construímos como homens e mulheres. Nesse sentido, a crença que o espaço público, ou seja, a política, o uso da rua, etc., é caracterizado quase que exclusivamente como masculino, de direito dos homens (gays) e que às mulheres (lésbicas e bissexuais) cabe apenas ocupar o espaço privado da casa, a família, etc.

Em 2003, o grupo Umas & Outras, que estava funcionando desde 2001, através de uma lista de e-mails com troca de informações e vivencias lésbicas, começa a articular atividades culturais diversas (sarau, futebol e um espaço de reflexão do quotidiano lésbico em São Paulo); se articula com o Movimento Lésbico de Campinas (Mo.Le.Ca) para organizar uma caminhada lésbica em São Paulo, inspirada na Marcha Lésbica do México, que tinha acontecido naquele ano por sua vez inspirada nas dyke marches dos Estados Unidos.

A ideia inicial das mulheres que compunham a organização naquela primeira edição era construir a Caminhada dialogando com a Parada Gay, mas não se submetendo, mas sim fazendo um contraponto, acontecendo sempre um dia antes da Parada, fortalecendo a organização das lésbicas na cidade através de uma ação de visibilidade política e social.

Muitas são as demandas políticas lésbicas e bissexuais, como por exemplo, a questão da saúde, compreendendo que os tratamentos e os protocolos de atendimentos médicos não atendem as necessidades das mulheres lésbicas e bissexuais e, que há um profundo desconhecimento sobre a realidade de mulheres lésbicas e bissexuais, no que se diz respeito a cuidados com a saúde e sexualidade. Além disso, pouco se fala sobre a questão da saúde mental e os impactos devastadores que a lesbofobia, o sexismo e a misoginia causam no bem-estar físico e mental de mulheres que não seguem a norma heterossexual.

A violência contra as lésbicas tem aumentando de forma aterrorizante e de todas as formas. Agressões físicas dentro dos trens da CPTM em São Paulo, execução de um casal de lésbicas na Bahia e mais recentemente, uma estudante da UERJ foi vitima de estupro corretivo. Segundo depoimento, ela foi estuprada por outro aluno dizendo que ela “ia aprender a gostar de homem”. Triste e desesperador… A violência familiar que acontece quando pais e mães não conseguem “aceitar” e respeitar suas filhas e as expulsam, violam, humilham rejeitam… E não menos importante, a violência entre as próprias mulheres que ainda é um tabu a ser discutido, pensamos que a violência entre casais de lésbicas não acontecem pois são duas mulheres e mulheres são mais pacificas (sic)… Assim deve ser discutido também o mito de que “a mulher não pode ser agressora”.

Apesar das grandes vitórias que o movimento lésbico feminista alcançou nos últimos anos, recentemente temos acompanhado o fortalecimento de grupos reacionários, fundamentalistas e discriminatórios que têm ocupado espaços de decisão, como o Senado e a Comissão de Direitos Humanos e Minorias da Câmara dos Deputados.

Por isso, para este ano de 2013, devido este grande retrocesso das demandas do movimento, assim como o assustador avanço do fundamentalismo religioso dentro dos nossos sistemas políticos, o tema obviamente é: O Estado é laico! Construindo direitos, desconstruindo preconceitos: basta de lesbofobia! A ideia é abordar as diversas formas de negação de direitos que as mulheres lésbicas e bissexuais e também toda a população LGBT, de forma mais geral, estão enfrentando no contexto politico desse momento.

Apesar de todos os desafios, algumas desavenças no seu processo de construção e organização, a Caminhada Lésbica de São Paulo foi a precursora de todas as caminhadas e marchas que acontecem no restante do Brasil e é referencia para militantes e ativistas de outros estados.

Portanto, vamos comemorar as conquistas, celebrar o amor, mas mostrar também que somos livres e autônomas, que estamos vigilantes e não nos contentaremos com nada aquém do que nos é de direito!

cartaz_caminhada

Abaixo, o texto politico da Comissão Organizadora da Caminhada de Lésbicas e Bissexuais de 2013 disponível no site ‘Caminhada Lésbica 2013′, explicando (ainda mais) o porquê é importante participar.

O Estado é laico! Construindo direitos, desconstruindo preconceitos: basta de lesbofobia!

Ao sair às ruas, chamamos atenção para o conjunto de práticas opressoras em relação às mulheres lésbicas como indivíduos, casal ou grupo social, cuja justificativa não encontra amparo nos princípios do estado laico de direito, mas, sim, em discursos religiosos e na tradição machista e patriarcal de nossa sociedade. Práticas que englobam preconceito, discriminação e abusos violentos. Opressão que se manifesta nas diversas esferas pessoais e sociais da vida de cada mulher, iniciando-se desde o ambiente familiar, que não permite a livre expressão das meninas ao cobrar delas comportamentos, gostos e pensamentos condizentes com o padrão heteronormativo.

Nossa sexualidade ainda é taxada como fetiche e erotismo. Somos alvos de constrangimento pela nossa vestimenta, que se não estiver de acordo com os ideais machistas, é passível de ridicularização ou assédio.

Ainda, precisamos sair às ruas em protesto para que possam nos enxergar como mulheres, como lésbicas e bissexuais, cujo desejo é inerente a cada uma e independente de outras experiências com homens. Nossa sexualidade não é baseada na falta do afeto masculino; não é baseada na negatividade do homem para conosco; passa longe de não ter “encontrado o homem certo”. É a nossa vontade manifestada; é o nosso desejo exposto e autônomo. Num cenário conservador e moralista pelo qual nos encontramos, a heterossexualidade obrigatória continua a sustentar as bases do patriarcado.

O apagamento social, pelo qual nós lésbicas e bissexuais passamos rotineiramente, se reflete em variadas violações de direitos básicos, associadas à falta de acesso a bens e serviços em diferentes áreas, setores, segmentos, bem como à falta de acesso ou a não existência de políticas públicas referentes à geração de emprego e renda, a educação, saúde, cultura, assistência social, etc. E nós, lésbicas e bissexuais, continuamos em luta diária para o reconhecimento da nossa sexualidade e autonomia enquanto mulheres livres, como deve permitir e defender um Estado laico.

Lutemos então pela viabilização real da laicidade das políticas públicas!

PROGRAMAÇÃO
29 de maio – quarta feira
 
Abertura – 19 hs
Mesa de Abertura sobre tema O Estado é Laico. Construindo Direitos e Desconstruindo Preconceitos. Basta de Lesbofobia
30 de Maio – quinta feira
Manhã – 10 hs Roda de Conversa / Oficina: Violência Familiar
Tarde – 15 hs Roda de Conversa: Feminismo e Lesbianidade
31 de Maio – sexta feira Manhã – 10 hs
Roda de Conversa: Análise de conjuntura: o movimento lesbo feminista em diferentes contextos regionais – 10 anos de Liga Brasileira de Lésbicas
Todas as rodas de conversas e oficinas acontecerão na União de Mulheres – Rua Coração de Europa, 1395 – telefone 3283-4040

1º De junho – sábado

XI Caminhada de Lésbicas e Bissexuais de São Paulo

Concentração a partir de 12:30 hs no MASP

Encerramento na Praça Roosevelt com atividades culturais

Confira também a página da Caminhada no facebook.

Mariana Rodrigues

Marie, Ma, Mari, Marioca, Mariana ça m'est égal... nunca fui para Patagônia mas ando por ai...


Fonte: Blogueiras Feministas

"A síndrome da militância arrogante", por Marília Moschkovich

PICICA: "[...] existe uma forma dominante de pensar, que defende sempre os interesses de quem domina. Marx chamou isso de ideologia, Gramsci foi mais longe e pensou numa hegemonia, Althusser explicou que esse negócio se difunde por “aparelhos ideológicos” responsáveis em transmitir essas maneiras de pensar e reforçá-las (e, depois, dirá Foucault, a coagir e controlar as pessoas para que as executem). Essa é, substancialmente, a maneira pela qual quem concentra poder mantém o poder concentrado e a sociedade funciona como funciona. As opressões de classe, raça e gênero têm ainda uma série de ferramentas próprias para que se mantenham." 

A síndrome da militância arrogante

By Marília Moschkovich21/05/2013

130521-Arrogância
Parte dos oprimidos adota, previsivelmente, a ideologia do opressor. Mas nem por isso feminismo, ou outros movimentos libertários, deveriam julgar-se superiores

Por Marília Moschkovich, editora de Mulher Alternativa | Imagem: Nick Gentry

A situação não é nada nova: mulheres reforçando o machismo. Isso sempre existiu e existirá, enquanto houver machismo. Ser mulher não torna ninguém automaticamente revolucionária, feminista. Estar na condição de oprimido não torna ninguém necessariamente contra a opressão. Aqueles que lutaram e lutam pelo socialismo no mundo todo sabem bem disso. Se essa condição fosse suficiente para derrubarmos as opressões, definitivamente não teríamos saído da guerra fria como majoritariamente capitalistas, no mundo todo. Quem eram (e quem são) os soldados estadunidenses nas guerras contra “o comunismo”? Donos de empresas? A classe que tem os meios de produção? (eu realmente preciso responder essas perguntas pra vocês?)

A lógica é relativamente simples: existe uma forma dominante de pensar, que defende sempre os interesses de quem domina. Marx chamou isso de ideologia, Gramsci foi mais longe e pensou numa hegemonia, Althusser explicou que esse negócio se difunde por “aparelhos ideológicos” responsáveis em transmitir essas maneiras de pensar e reforçá-las (e, depois, dirá Foucault, a coagir e controlar as pessoas para que as executem). Essa é, substancialmente, a maneira pela qual quem concentra poder mantém o poder concentrado e a sociedade funciona como funciona. As opressões de classe, raça e gênero têm ainda uma série de ferramentas próprias para que se mantenham.

Por isso, não é de se espantar que mulheres reforcem o machismo, ou que pessoas negras reforcem o racismo, ou que pessoas mais pobres defendam os interesses de pessoas mais ricas, e daí em diante. Como militantes, porém, temos duas formas de lidar com essa situação.

A primeira forma é um tanto contraditória, mas extremamente popular entre militantes de diversas causas, infelizmente. Frustrados com essa contradição gerada pelos próprios sistemas de opressão, muitos de nós acabam descontando a frustração nas pessoas que, em tese, estaríamos defendendo. Há algumas semanas, várias companheiras feministas compartilharam no Facebook uma imagem que apontava alguns motivos pelos quais as mulheres deveriam reconhecer o feminismo. No fim da imagem, um pequeno asterisco estragava todo o propósito de militância, com os seguintes dizeres: “Mas se você prefere continuar lavando louça, provavelmente você deve ser mais útil na cozinha. Então fique lá, enquanto outras lutam por você. Não precisa expor sua ignorância para toda a rede”.

Ai. Essa me doeu na alma.

Doeu porque é uma postura muito comum: o militante, ou a militante, sente-se de alguma maneira superior porque consegue enxergar além do véu da ideologia dominante (como diria o barbudo alemão). Esse ar de superioridade faz com que ele ou ela sinta-se no direito de falar por grupos dos quais muitas vezes ele/ela não fazem parte e, muito pior que isso, excluir as próprias pessoas em situação de opressão da luta contra essa opressão. Acham-se no direito de determinar que sua luta “serve” apenas para algumas pessoas – aquelas iluminadas como ele/a, que enxergam os mesmos grilhões. Que raio de militância é essa?

Pessoalmente, prefiro uma segunda atitude possível diante dessa frustração. A bem da verdade, ela inibe o próprio sentimento de frustração. Consiste em enxergar, na existência de oprimidos que agem contra seus próprios interesses, um resultado inevitável do próprio sistema de opressão. Isso permite entender que, enquanto nossos movimentos (negro, feminista, de trabalhadores, etc) existirem, essa contradição existirá, já que a partir do momento em que acabarmos com a opressão, nossa própria militância perde o propósito de existir. Quer dizer: lutamos para acabar com uma opressão; enquanto essa opressão existir, existirá essa contradição que frustra muitos e muitas de nós; quando conseguirmos acabar com a opressão, conseguiremos acabar com a contradição; mas então, nosso próprio movimento deixará de existir.

O fim último de todo movimento contra opressões é que, como resultado de seu próprio trabalho, ele deixe de ser necessário. Que ele deixe de ser necessário precisa ser um objetivo geral, que valha para absolutamente todas as pessoas envolvidas nesses sistemas de opressão. Não dá pra pensar um feminismo que quer incluir apenas as feministas no processo e no resultado da luta. Não dá, gente. Não dá.

Ou o feminismo será para todas e todos, ou não será.



Marília Moschkovich é socióloga, editora do site Mulher Alternativa e co-editora de Blogueiras Feministas. Seus textos em Outras Palavras podem ser lidos aqui.

Fonte: OUTRAS PALAVRAS

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"(Re)Virada Cultural -- Existe Amor...?", por Hugo Albuquerque

PICICA: "A crítica posta nos termos do escândalo público com a "violência" ou a "criminalidade" é um equívoco atroz -- sempre que a sociedade brasileira faz isso, via de regra, dificilmente procura encarar as causas sociais que geram esse quadro, tanto menos resolvê-las; in casu, sequer a criminalidade, ou a atual onda de crescimento desta em São Paulo, é causada pela Virada ou possa ser atribuída à Prefeitura e não ao governo do estado, por uma óbvia questão de competência: é o governador do estado, Geraldo Alckmin, que comando o sistema de segurança pública, não o prefeito de São Paulo, Fernando Haddad." 

(Re)Virada Cultural -- Existe Amor...?


Entre os últimos sábado e domingo, aconteceu a Virada Cultural de 2013 em São Paulo, evento anual que atrai milhões de pessoas para uma série de atividades artístico-culturais que ocorrem no Centro. A crítica que se abateu sobre esta edição, por seu turno, foi inclemente: as palavras violência e criminalidade tomaram as manchetes da mídia. Como sempre, a questão, posta nesses termos, é uma falácia. Nem essa "criminalidade" é causa autônoma de nada, tampouco é um efeito de problemas específicos da Virada -- como se, antes, não houvesse uma onda crescente de violência no estado de São Paulo. Nem por isso, no entanto, a Virada 2013 foi um sucesso ou mereça ser defendida.

A crítica posta nos termos do escândalo público com a "violência" ou a "criminalidade" é um equívoco atroz -- sempre que a sociedade brasileira faz isso, via de regra, dificilmente procura encarar as causas sociais que geram esse quadro, tanto menos resolvê-las; in casu, sequer a criminalidade, ou a atual onda de crescimento desta em São Paulo, é causada pela Virada ou possa ser atribuída à Prefeitura e não ao governo do estado, por uma óbvia questão de competência: é o governador do estado, Geraldo Alckmin, que comando o sistema de segurança pública, não o prefeito de São Paulo, Fernando Haddad.

É preciso, portanto, pôr os pingos nos Is. A questão da violência é transversal à Virada, o que não quer dizer que ela deva ser blindada de críticas, só que estas, obviamente, precisam se referir ao que interessa nessa conversa: políticas culturais, ou melhor, onde este uma política democratizante no campo da cultura. Nisso Haddad, que acertou bem mais do que errou, não só pode como merece ser cobrado.


O modelo posto de Virada -- que é bom apenas naquilo que é acidental, mas o acidental não deixa de ser (muito) bom -- foi repetido em 2013. E se 2013 não marcou um corte ou uma inovação em relação a 2012, também não lhe superou dentro do modelo proposto. Isto é, a partir de uma perspectiva mais democrática e aberta, o desastre foi grande: fez-se o de sempre e mal.


A falta de atividades na periferia -- que contam com a bela estrutura dos CEU's --, a ausência de palcos menores povoando o próprio Centro em detrimento do Grande Evento, a carência de critérios mais sólidos e transparentes para a escolha dos eventos são, sem dúvida, pontos que precisam ser levados sim em consideração.

A Virada, lembremos, tem quase uma década e remonta à gestão Kassab que, embora tenha terminado com baixíssima taxa de aprovação, ao menos emplacou algo popular. Ou quase. A Virada se chocou desde o início com o próprio projeto que Kassab tinha para o Centro: se por um lado a Prefeitura, naquela ocasião, agiu firmemente aliado das corporações, realizando uma típica política urbana higienista com vistas a uma ambiciosa reforma excludente e autoritária da região central, por outro, ela trouxe, com a Virada, milhões de pessoas anualmente para uma zona da cidade abandonada, retirando aquela área da invisibilidade que o próprio projeto kassabista demandava.

Haddad, por sua vez, mal entrou e engavetou o principal projeto de Kassab para o Centro. Mas o Centro, nesta ocasião, voltou a ser a um sujeito ativo do ponto de vista geográfico-político -- o que, inclusive, ajudou a forjar a eleição do atual prefeito paulistano. Creditar isso apenas à Virada é um engano, mas esquecer qual o peso delas para tanto é igualmente ingênuo.

Serra, por exemplo, foi derrotado na região central por Haddad e, ao mesmo tempo, a questão do Centro e a proposta de reforma excludente foram um dos maiores motes anti-PSDB dos últimos anos. Ocupar o Centro antes de reforma-lo -- como Haddad ambiciona -- é o correto, pois força sua transformação. Reformar para ocupar é ilusório, sem ocupação dos espaços, não levará nunca a melhoria alguma.


É óbvio que nunca houve nada na Virada que partisse da premissa de uma reconhecimento da Cultura como produção comum da multidão. Cultura aqui aparece como produto mercantilizável, mas que pode ser alavancado pelo Estado em um esquema, no entanto, empresarial e corporativo.

No entanto, pôr milhões de pessoas ocupando as ruas de um Centro entregue às baratas -- para que possa ser demolido e reconstruído por interesses bem distantes do social --, sem querer, é fazer algo (acidentalmente) revolucionário. Nem que fosse em apenas um dia no ano. É evidente, no entanto, que é possível fazer mais a partir desse processo.


O espírito do Existe Amor em SP, festival que mobilizou milhares de jovens nas eleições municipais do ano passado contra a ascensão do candidato conservador Russomanno -- e, de certa forma, a favor de Haddad, então mal das pernas nas pesquisas --, além de suas falhas criticáveis -- o milagre da multiplicação de "investimento" no festival pelas novas formas de exploração e captura, por exemplo -- marcou a ascensão de um verdadeiro oba-oba na Cultura paulistana. 

Agora, tudo se passa por uma crença no entretenimento 2.0; sob uma retórica (pós)moderna não apenas estão longe de considerar a potência produtiva da multidão, dos pobres e precários, no campo da cultura -- e da cultura como bem comum -- como, ao contrário, lhe antagoniza de forma sofisticada; no lugar da velha linha de montagem hierárquica, redes de captura da produtividade da multidão. Essa lógica domina, hoje, a Secretaria de Cultura.


O agenciamento desse fenômeno com a Prefeitura resultou numa Virada pouco democratizada na ponta, pois esteve carente de democratização na base do processo. Enfim, faltou democratização econômica, geográfica e política da Cultura na Virada 2013, mas isso não é problema para os conservadores que preferem a retórica do pânico e do sensacionalismo com a violência, pois, evidentemente, seus objetivos são outros. Nem por isso é questão de escaparmos ao debate real que precisa ser travado aqui. É possível ir além.
Fonte: O Descurvo

maio 22, 2013

"ENTREVISTA RUY BRAGA - A economia e seus impactos na população", por Luís Brasilino

PICICA: "Desde meados do governo Lula, as conquistas econômicas e seus reflexos na sociedade geraram um clima de otimismo que não foi quebrado nem mesmo pelo baixo crescimento dos últimos anos. Emprego e renda em alta ajudam a explicar a popularidade da gestão petista, mas, afinal, as transformações realizadas foram profundas?" 

ENTREVISTA RUY BRAGA
A economia e seus impactos na população



Desde meados do governo Lula, as conquistas econômicas e seus reflexos na sociedade geraram um clima de otimismo que não foi quebrado nem mesmo pelo baixo crescimento dos últimos anos. Emprego e renda em alta ajudam a explicar a popularidade da gestão petista, mas, afinal, as transformações realizadas foram profundas?

por Luís Brasilino

As mudanças na economia brasileira a partir do início do governo Lula, como o crescimento do PIB e o aumento da participação dos serviços, representaram o que, na prática, para a população? Para o sociólogo Ruy Braga, professor da Universidade de São Paulo (USP), a situação é contraditória: apesar dos efeitos positivos da elevação do emprego e da formalização, “a reprodução das bases do atual modelo de desenvolvimento impõe enormes obstáculos para a satisfação das inúmeras necessidades da classe trabalhadora brasileira”. Autor do livro A política do precariado: do populismo à hegemonia lulista (Boitempo, 2012), ele discute na entrevista a seguir as transformações do mercado de trabalho brasileiro nos últimos anos, a participação dos sindicatos e a base política de sustentação do governo federal.
 
DIPLOMATIQUE– O que é o precariado brasileiro?

RUY BRAGA– O precariado é o proletariado precarizado, ou seja, um grupo formado por trabalhadores que, pelo fato de não possuírem qualificações especiais, entram e saem muito rapidamente do mercado de trabalho. Além disso, devemos acrescentar os trabalhadores jovens à procura do primeiro emprego, indivíduos que estão na informalidade e desejam alcançar o emprego formal, e trabalhadores submetidos ao manejo predatório do trabalho. O precariado é composto por aquele setor da classe trabalhadora pressionado tanto pela intensificação da exploração econômica quanto pela ameaça da exclusão social. Eu retirei do conceito de proletariado precarizado os setores qualificados da classe trabalhadora, os grupos pauperizados e o chamado lumpemproletariado por entender que aquilo que caracteriza a reprodução contraditória das relações de produção capitalistas no Brasil é menos a existência de uma massa de indivíduos rejeitados pelo mercado de trabalho por invalidez, velhice ou que praticam ações ilícitas para sobreviver, e mais a ampliação dessa massa formada por trabalhadores jovens, desqualificados ou semiqualificados, sub-remunerados e inseridos em condições degradantes de trabalho.

DIPLOMATIQUE – Na prática, quais são as características desse trabalho precário?

BRAGA– A ideia de trabalho precário faz referência basicamente a duas dimensões. Uma é a contratual, ou seja, se há ausência de contrato, se o trabalho é temporário... Não é isso que eu enfatizo. Destaco a remuneração e as condições de trabalho. Analisando os anos 2000 no Brasil, apesar do aumento da formalização, percebe-se uma multiplicação das ocupações que pagam até 1,5 salário mínimo, em torno de R$ 1 mil. Pelo lado das condições de trabalho, tivemos um aumento do número de acidentes de trabalho, que passou de um patamar de 400 mil em 2002 para pouco mais de 700 mil atualmente. Ao mesmo tempo, houve um aumento da flexibilização do trabalho, com destaque para a flexibilidade de horários e de funções. Com o fortalecimento da estratégia empresarial de utilizar cada dia mais a terceirização da força do trabalho, aumentou a taxa de rotatividade dos trabalhadores. Ao longo de toda a década de 2000, intensificou-se aquele entra e sai de trabalhadores no mercado de trabalho tão característico de regimes fabris despóticos. Assim, associado à formalização do emprego, algo evidentemente positivo em termos de proteção trabalhista, percebemos nos anos 2000 um flagrante aumento da precarização das condições de trabalho no país.

DIPLOMATIQUE– Qual é a porcentagem desse setor na classe trabalhadora brasileira?

BRAGA– Seguramente estamos falando da maioria da população trabalhadora. Os dados oficiais do Censo nos dão uma ideia das dimensões desse grupo: em média, durante os dois governos Lula, foram criados anualmente 2,1 milhões de empregos formais. No entanto, 94% desse total, isto é, 2 milhões de postos pagavam até 1,5 salário mínimo. Exatamente a faixa salarial que acantona o precariado.

DIPLOMATIQUE– O trabalho doméstico entra nesse grupo?

BRAGA– Sem dúvida. O trabalho doméstico é uma das principais indicações da natureza resiliente da informalidade laboral brasileira. Segundo a Pesquisa Nacional por Amostra de Domicílios, entre 1999 e 2009 o número desses trabalhadores saltou de 5,5 milhões para 7,2 milhões. Mesmo que tenha havido um pequeno aumento da formalização, na cidade de São Paulo, em 2009, apenas 38% das empregadas tinham carteira de trabalho. Em todo o país, a formalização mal alcança os 30%. Ao mesmo tempo, os dados apontam para um envelhecimento dessa força de trabalho. Isso indica que os filhos e filhas dos trabalhadores domésticos estão se deslocando para outros setores, principalmente o de serviços. A fatia mais escolarizada das filhas das trabalhadoras domésticas tem buscado no telemarketing uma jornada de trabalho menor e mais previsível, capaz de garantir a elas o acesso à faculdade noturna. O grande problema dessa história é que as condições estruturais do mercado de trabalho no Brasil impedem que essa trabalhadora, filha de empregada doméstica, ascenda salarialmente, porque praticamente todos os postos que são criados pagam mais ou menos o mesmo que o telemarketing.

DIPLOMATIQUE– Mas é um fator positivo que essa nova geração esteja deixando o trabalho doméstico, não?

BRAGA– É claro. Nosso problema é que, apesar dos avanços decorrentes da formalização do emprego – que são muito positivos, tanto em termos de proteção social quanto das possibilidades abertas para a mobilização coletiva –, a reprodução das bases do atual modelo de desenvolvimento impõe enormes obstáculos para a satisfação das inúmeras necessidades da classe trabalhadora brasileira.

DIPLOMATIQUE– E esses avanços são fruto de ações deliberadas do governo ou do desenvolvimento próprio do capitalismo?

BRAGA– Em minha opinião,trata-se de uma combinação desses dois fatores. Há políticas públicas, principalmente federais – como os aumentos do salário mínimo acima da inflação, o programa Bolsa Família, o crédito consignado etc. –, que explicam parcialmente esses avanços. Além disso, destacaria duas variáveis. A primeira é que a estrutura social do país deu uma guinada na direção dos serviços. Na última década, o Brasil consolidou um modelo de desenvolvimento pós-fordista e financeirizado no qual o setor de serviços se destaca. E o assalariamento nesse setor é muito mais barato do que na indústria, por exemplo. É um modelo de desenvolvimento que acolhe milhões de pessoas, sobretudo mulheres, jovens e trabalhadores não brancos. Naturalmente, isso é positivo. Além disso, é preciso lembrar que a dinâmica da financeirização da economia obriga o Estado a arrecadar mais a fim de continuar remunerando os credores da dívida pública. E é mais simples tributar a economia formal. Portanto, diria que há uma convergência de diferentes fatores que reforçaram a absorção pelo mercado formal desses milhões de trabalhadores.

DIPLOMATIQUE– Como você analisa a participação dos sindicatos nesse processo, especialmente considerando os seguidos aumentos reais de salário que vêm sendo obtidos mesmo depois da crise em 2008?

BRAGA– Em um país com o histórico de descontrole inflacionário como é o caso do Brasil, reajustes salariais são frequentes nas pautas sindicais. Não se trata de uma novidade. O que é importante destacar em relação ao atual momento do sindicalismo no país é exatamente sua fusão com o aparelho de Estado. Nos últimos anos, houve uma integração da elite da burocracia sindical aos postos de assessoramento do governo e aos fundos de pensão, com um claro efeito de alinhamento das pautas das principais centrais sindicais brasileiras com a agenda governista. O próprio movimento sindical se financeirizou. O que isso significa? Que temos um sindicalismo muito mais alinhado ao Estado, que recebe mais recursos financeiros e que se transformou em um dos principais pilares do investimento capitalista no país. Por quê? Porque os fundos controlados por sindicalistas se encontram presentes nos principais negócios brasileiros, ou seja, a poupança do trabalhador está financiando a fusão das empresas, os investimentos em infraestrutura, as obras da Copa, a prospecção de petróleo... Qual é o efeito disso sobre o sindicalismo? A fusão da pauta sindical com um projeto de governo. Porém, isso cria tensões na base, uma vez que o regime de acumulação continua se reproduzindo de maneira despótica, endurecendo as condições de trabalho. Entrevistei uma trabalhadora de telemarketing, com oito anos na função, o que é bastante tempo em um setor como esse. Ela contava que as trabalhadoras entram no telemarketing, pegam um cartão de crédito, dão entrada em uma televisão de tela plana, compram roupas de marca... enfim, se endividam. E têm de se matar no telemarketing vendendo cartão de crédito para pagar as dívidas que elas próprias fizeram no cartão. É interessante perceber como esse jogo vai se desenrolando. Essa trabalhadora percebe os limites desse modelo de desenvolvimento porque ela experimenta os dois lados: o do consumo e o do endividamento, que a obrigam a bater metas e ficar dependente de um regime de trabalho intenso, controlado e despótico. Em minha opinião, a consciência desses limites está se tornando mais clara. Prova disso é que, depois de 2008, tivemos um aumento ano após ano no número de greves no país, o que coloca o atual momento no mesmo patamar da atividade grevista do final dos anos 1990.

 DIPLOMATIQUE– São essas as contradições que formam a subjetividade do precariado?

BRAGA– Por meio de um estudo de caso da indústria paulistana do call center, identifiquei a vivificação de algo que é muito usual no capitalismo semiperiférico: uma estrutura social que, em vez produzir o consentimento à exploração econômica apoiado em concessões materiais aos trabalhadores, promove a inquietação social. Por quê? Porque, se por um lado promoveu um relativo progresso material, de outro, o capitalismo na semiperiferia se especializou em reproduzir as bases materiais do trabalho barato. E este tende a ser precarizado. Ou seja, os trabalhadores experimentam um progresso real quando transitam, por exemplo, do campo para a cidade ou do pauperismo para o mercado formal, porém, imediatamente essa conquista material mostra seus limites, e esses trabalhadores, que acabaram de viver uma experiência progressista, percebem que estão inseridos em condições de trabalho degradantes ou se veem endividados. Eles desejam o progresso, mas as promessas do modelo de desenvolvimento raramente são cumpridas.

DIPLOMATIQUE– Pela posição do Brasil na divisão internacional do trabalho...

BRAGA– Nos últimos dez anos, a estrutura social brasileira se especializou em lucrar no setor financeiro, na indústria da construção civil, na mineração, na indústria do petróleo e no agronegócio. São todos setores onde há uma concentração de trabalho não qualificado ou semiqualificado, o que acaba promovendo uma multiplicação de postos de trabalho que pagam mal.

DIPLOMATIQUE– E o setor de serviços?

BRAGA– O problema é identificar quais são os motores do atual modelo de acumulação. O setor de serviços sem dúvida é um deles. No entanto, nos últimos dez anos, a acumulação de capital no Brasil ocorreu, sobretudo, nos bancos, na mineração, no petróleo, no agronegócio e na construção civil. São setores rentáveis, até porque têm condições de ampliar extensivamente a base de sua exploração por meio da incorporação de novas áreas. Mas quem efetivamente absorveu os trabalhadores foi o setor de serviços. No entanto, isso não quer dizer que ele seja o setor mais lucrativo.

DIPLOMATIQUE– Quais são as consequências políticas desse processo? Como explicar a atual hegemonia lulista?

BRAGA– Eu busquei fazer uma síntese das teses de André Singer e de Chico de Oliveira. O Chico afirma que essa hegemonia é fundamentalmente sustentada na absorção da elite sindical pelos fundos de pensão e pelo governo. E o André diz que o lulismo se apoia no consentimento de amplos setores empobrecidos da população, isto é, o subproletariado, às políticas públicas. Por meio do conceito de hegemonia em Gramsci, fui capaz de observar a combinação do consentimento passivo das bases, seduzidas pelas políticas públicas, com o consentimento ativo das direções do movimento sindical ao projeto de governo. No livro, argumentei que a atual hegemonia lulista resulta da articulação desses tipos distintos de consentimento. Mas, veja bem, em relação às bases, o adjetivo passivo qualifica o substantivo consentimento, e não a ação política dos trabalhadores. Em minha opinião, o precariado continua politicamente ativo, faz suas greves, porém, como não tem um projeto autônomo de poder, ele aderiu ao projeto construído pela burocracia lulista. Já o consentimento ativo das direções é muito claro. Há de fato uma fusão do movimento social ao aparelho de Estado e aos fundos de pensão. Isso se dá em diferentes esferas, desde o movimento sindical até o movimento sem terra e agora mais recentemente com o movimento sem teto, que começa a administrar investimentos em habitação popular por meio do programa “Minha Casa, Minha Vida, Entidades”. Essa hegemonia é mais estável do que foi a hegemonia populista. A fusão dos setores populares do movimento social com o aparelho de Estado e os fundos de pensão é mais aguda do que a adesão do movimento sindical aos governos Vargas, João Goulart etc. Contudo, isso não quer dizer que não haja conflito. Percebo sinais de certa fadiga do atual modelo de regulação nas paralisações que ocorreram, por exemplo, nas obras do PAC (Belo Monte, Jirau, Santo Antônio, Suape, Coperj etc.), nas greves bancárias dos últimos anos, na greve dos Correios, dos professores do ensino fundamental, nas obras da Copa e também em outras mobilizações mais localizadas, paroquiais, como a greve da construção civil em Belém e em Fortaleza, além das paralisações na indústria automobilística.

DIPLOMATIQUE– Os pacotes anunciados pelo governo neste ano para retomar o crescimento econômico podem amenizar essa fadiga? A base dela é econômica?

BRAGA– Uma parte importante dessa questão está relacionada ao crescimento econômico. Veja o exemplo da greve nacional bancária, liderada por entidades lulistas, basicamente, contra o Banco do Brasil e a Caixa Econômica Federal. Ou seja, uma greve contra o governo. Nos Correios temos a mesma dinâmica. Obras do PAC, idem. Isso aponta para onde? Muitos sindicalistas creditam isso a uma relativa inexperiência de Dilma em negociar. Acho isso um tremendo equívoco. Não que ela seja inexperiente em negociações com sindicalistas, o problema é que o governo Dilma olha para os dados da economia, prevê crescer 2,7%, 1%, e isso reduz sua capacidade de oferecer concessões. Lula previa crescer 7,5%, e podia dar reajustes. Não é o caso agora, com uma média de 1,5% de crescimento. É menos da metade da média do governo Lula e, desse modo, ela tem menos da metade da margem de manobra em uma mesa de negociação. Isso tem impactos políticos porque os trabalhadores ficarão mais inquietos. E então aumenta a fadiga do modo de regulação. Porém, se a economia crescer conforme a previsão do governo e o mercado de trabalho continuar aquecido, é possível antever uma eleição tranquila para a Dilma em 2014. Tudo depende do comportamento da economia este ano.

Luís Brasilino 

Jornalista. Editor do Le Monde Diplomatique Brasil.

Fonte: Le Monde Diplomatique

"A toxicomania e as internações compulsórias", por Rita de Cássia de Araújo Almeida

PICICA: "Nossa experiência de trabalho tem mostrado que a internação involuntária não é capaz de tratar ninguém, ela pode apenas, na melhor das hipóteses, se utilizada de maneira parcimoniosa, respeitosa e criteriosa, numa situação pontual e específica (observando o caso a caso) possibilitar uma intervenção primeira, pois que, o início do tratamento de fato, este sim, só será possível com a implicação e o desejo do sujeito e em locais ou situações onde o apelo comunitário e a inserção social sejam considerados.
É claro que a fala sofrida e emocionada de pais e mães desesperados e impotentes diante do vício do filho, nos fazem balançar em favor de medidas extremas como essa. No entanto, o que não é dito, é que passado o alívio dos primeiros dias ou semanas da internação considerada ‘salvadora’, os pais vão perceber que o filho deles não recebeu nenhuma espécie de vacina ou armadura que o proteja definitivamente da compulsão pelas drogas, e o ciclo então, tende a se repetir indefinidamente, ou pelo menos até que o tratamento ocorra de fato."

A toxicomania e as internações compulsórias

(palestra proferida na Semana de Saúde Mental de Ubá /MG, em 21 de maio de 2013)
 

Atender a demanda por cuidados a pessoas com problemas relacionados ao uso de drogas tem sido um grande desafio para as políticas públicas brasileiras nos últimos tempos, especialmente nos casos onde estão associados a ela: situação de rua, miséria social, exclusão, abandono e marginalidade, invariavelmente resultando naquilo que têm se chamado de “epidemia do crack” ou na formação das “cracolândias”.

Responder a esta questão tem sido um desafio. E as respostas, em geral, têm se sustentado num discurso meramente higienista, cuja pretensão é, simplesmente, limpar certos locais do que a sociedade atual enxerga como lixo: certos usuários de droga, especialmente os de crack. A decisão de vários municípios, seja por intermédio da justiça ou por mera intervenção do poder público, tem sido a de promover a retirada das pessoas desses lugares sob as mais diversas alegações: de que estão infringindo a lei, perturbando a ordem pública ou de que precisam ser deslocadas para locais de assistência e tratamento, por meio das internações involuntárias ou compulsórias. Grande parte dessas intervenções, apesar de muitas vezes travestidas dos mais dignos e decentes atos "humanos" e "cristãos", na verdade, só cumprem a função de limpar nossas cidades daquilo que a sociedade não deseja ver; daquilo que lhe parece incômodo, inútil e sem valor.


E não é a primeira vez que esse tipo de estratégia é utilizada. Num passado não muito distante, que coincide com o início da era capitalista, loucos, bêbados, prostitutas, mendigos, aleijados, e todos aqueles que não serviam para movimentar a roda do sistema capitalista, que não podiam vender sua força de trabalho, foram recolhidos das ruas e encarcerados no Hospital Geral; instituição criada para esse fim. A ordem era sanear as cidades. Esse modelo de intervenção gerou, inclusive, o modelo manicomial para o tratamento dos doentes mentais. Modelo que ao longo das décadas se mostrou desumano, iatrogênico e ineficaz. Modelo criticado e desconstruído pelo movimento antimanicomial, que hoje comemoramos neste evento de 18 de maio.


Há um fato que ninguém discute. O uso e o abuso de substâncias psicoativas em nossa sociedade têm tomado contornos e gerado conseqüências que vem colocando todos diante de um não-saber sobre os rumos e os caminhos a serem tomados, não-saber compartilhado por governos, instituições, políticas públicas, serviços de saúde e organizações governamentais e não-governamentais. Entretanto, mesmo quando admitimos que há um não-saber que atravessa este tema, é possível ainda sim sustentar alguns saberes, dos quais não podemos recuar, saberes que foram conquistados por meio de experiências e transformados em avanços nas políticas e legislações. Ou seja, mesmo que não saibamos exatamente o que fazer em determinadas situações, quando o assunto é o tratamento e o cuidado das pessoas com problemas decorrentes do uso de álcool e outras drogas, ainda sim sabemos exatamente o que não fazer na mesma situação.

Ao desenterrar a internação involuntária - essa nossa velha conhecida no âmbito das propostas de tratamento para as enfermidades mentais - conseguimos tão somente oferecer respostas velhas para problemas novos. Sabemos que as internações involuntárias e compulsórias – antes utilizadas em doses cavalares – não solucionaram o problema dos doentes mentais nem de suas famílias, ou pelo menos não daquelas que pretendiam tratar de seu ente querido e não apenas se ver livre dele. Desenterrar a desgastada internação involuntária é desconsiderar os caminhos trilhados pelas políticas de cuidado aos doentes mentais. Só pra lembrar as internações involuntárias e indiscriminadas, serviram apenas para enriquecer a chamada “indústria da loucura”, condenando os doentes mentais ao isolamento, ao abandono e à exclusão, e ainda sob a justificativa que isso era feito em nome do ‘tratamento’ e do ‘bem’ deles, já que não teriam capacidade de escolha.


Nossa experiência de trabalho tem mostrado que a internação involuntária não é capaz de tratar ninguém, ela pode apenas, na melhor das hipóteses, se utilizada de maneira parcimoniosa, respeitosa e criteriosa, numa situação pontual e específica (observando o caso a caso) possibilitar uma intervenção primeira, pois que, o início do tratamento de fato, este sim, só será possível com a implicação e o desejo do sujeito e em locais ou situações onde o apelo comunitário e a inserção social sejam considerados.

É claro que a fala sofrida e emocionada de pais e mães desesperados e impotentes diante do vício do filho, nos fazem balançar em favor de medidas extremas como essa. No entanto, o que não é dito, é que passado o alívio dos primeiros dias ou semanas da internação considerada ‘salvadora’, os pais vão perceber que o filho deles não recebeu nenhuma espécie de vacina ou armadura que o proteja definitivamente da compulsão pelas drogas, e o ciclo então, tende a se repetir indefinidamente, ou pelo menos até que o tratamento ocorra de fato.


Sendo assim, precisamos ressaltar que a internação - involuntária ou compulsória - não será o milagre que todos esperamos para solucionar a questão das drogas. Também é necessário que se diga que o índice de fracasso se torna muito grande quando se entende que tratar as pessoas que apresentam problemas relacionados ao uso de drogas se resume apenas em promover a abstinência, e a qualquer preço. Nenhum tratamento ou intervenção que se pretenda humanizada, respeitosa, ética e, portanto eficaz, se conquista à revelia do sujeito, passando por cima de seus desejos, escolhas e singularidades, ainda que a nosso ver, estranhas e atrapalhadas.

Enfim, existem alguns avanços conquistados no âmbito das políticas de saúde mental que não podem retroceder, sob nenhuma justificativa, nem mesmo pelo apelo emocionado de pais e mães. Aquilo que foi superado pela sua ineficácia e ineficiência, pela iatrogenia gerada, pela desumanidade e desrespeito a direitos mínimos de dignidade e cidadania e pelo reforçamento de estigmas e preconceitos, não pode ser novamente pensado como uma estratégia possível e plausível. Já vimos este filme antes, o roteiro é o mesmo, agora com outros atores. Eram os ‘loucos’, agora os ‘drogadictos’.


Sendo assim, a internação tradicional, especialmente aquelas motivadas por intervenções involuntárias ou compulsórias, apesar de parecer, não é a solução para os problemas relacionados ao uso e abuso de álcool e outras drogas. E isso não quer dizer que as soluções possíveis sejam mais simples, ao contrário, são muito mais complexas e exigem a criação de uma rede de cuidados, com os vários setores das políticas públicas (saúde, educação, assistência social, segurança pública, esporte, lazer, cultura, justiciário) e com diversos tipos de aparatos, intervenções, instâncias e estratégias.


Infelizmente, muitos municípios estão optando pelas estratégias meramente higienistas para intervir na questão do uso de drogas e elas tem se resumido a dois tipos de intervenção: as que espantam e as que recolhem. As que espantam, vão apenas fazer com que essas pessoas migrem para outro lugar, obviamente que para um lugar semelhante ao anterior. As que recolhem (compulsoriamente ou não) também acreditam que o problema é solucionado quando o levamos para outro local, só que dessa vez apostam em instituições de amparo social ou clínicas de recuperação. Mas a verdade é que o resultado dessas estratégias é semelhante àquele que conseguimos ao limpar a sala de estar varrendo a sujeira pra debaixo do tapete, ou seja, maquiagem provisória.


As intervenções baseadas no recolhimento e na internação, seja involuntária ou compulsória, se sustentam num princípio clássico do tratamento em saúde, de que é preciso isolar para tratar. É claro que tal princípio é bem adequado para tratar daquelas doenças onde a contaminação ou o contágio façam parte dos sintomas. Mas em se tratando de uma doença onde o isolamento e o prejuízo social já estão instalados, sendo tão nocivos quanto a própria doença, será que o “isolar para tratar” é tão eficaz?


Mais uma vez temos sido tentados a criar novos muros, muros que separem, delimitem e isolem, a primeira vista em nome do tratamento, mas também em nome daquilo que tememos, do que não compreendemos, não aceitamos e não sabemos como lidar. Fizemos assim com os doentes mentais, criamos muros que nos separavam deles, para depois de muitas décadas entendermos que, na verdade, deveríamos ter criado pontes. E afinal, concluímos que as pontes têm sido infinitamente mais eficazes para tratar que os muros. O sucesso dos CAPS, das Residências Terapêuticas, dos CC são a prova disso. Sendo assim, no caso das políticas sobre drogas, seria uma pena gastarmos tempo, material humano e recursos públicos com os muros que já sabemos, mais cedo ou mais tarde, demonstrarão seu fracasso (na verdade, já estão demonstrando).

Precisamos apostar nas pontes e nas redes. Pontes que aproximam ao invés de espantar e redes que acolhem ao invés de recolher. Imagino que em termos arquitetônicos deva ser muito mais difícil construir pontes do que muros, assim como é muito mais difícil aproximar do que espantar. Acolher também é bem mais trabalhoso que recolher, porque acolher leva em conta o querer de quem está sendo acolhido, ao passo que o recolher só leva em conta o querer de quem recolhe.


Voltando ao problema das cracolândias, há uma pergunta desafiadora que talvez seja interessante para pensar este fenômeno. Porque existem cracolândias? Porque não ouvimos falar de maconholândias, cocainolândias ou ecstasyitolândias?


Trata-se de uma pergunta realmente intrigante que nos faz pensar, dentre outras coisas, sobre o lugar social que o crack vem ocupando no Brasil. Apesar de sabermos que o uso do crack está presente nas diversas classes sociais, é no abandono social e nas ruas que ele tem mostrado sua face mais perversa. Não há justificativa para defendermos a tese de que as cracolândias são formadas apenas pelo poder devastador e desagregador da química do crack, com se o crack fosse o único responsável pelas cracolândias. É muito mais realista pensar que um certo tipo de população já excluída pela sociedade, seja pela miséria, pelo abandono, pelo alcoolismo ou pela dependência de outras drogas, fez do crack "a sua droga", numa tentativa de remediar o próprio sofrimento, e para isso precisaram criar um lugar delimitado na pólis. As cracolândias, na verdade, são frutos de políticas preconceituosas, excludentes, moralistas e da tão anunciada "guerra contra as drogas". Enquanto continuarmos em "guerra contra as drogas", as cracolândias funcionarão como um território de refugiados, como um gueto para os excluídos.


Não faz muito tempo que a questão do abuso ou dependência de drogas ilícitas deixou de ser “caso de polícia”, pelo menos no âmbito legal. Para sermos mais específicos é a partir da lei n° 11.343/2006 que traficante e usuário de substâncias ilícitas são colocados em territórios distintos. Enquanto o traficante continua sendo problema de segurança pública, o usuário passa a ser preocupação das políticas de saúde.


Apesar de contarmos com esse avanço legal importante que descriminaliza o usuário ou dependente (e que, infelizmente, corre o risco retroceder) o uso de drogas ilícitas ainda permanece envolto em uma nuvem de preconceitos e mitos, que contaminam nossa forma de abordar o tema, em especial quando o assunto é tratamento. Infelizmente, ainda enxergamos uma associação direta entre o uso de drogas e delinqüência ou criminalidade, visão exaustivamente reforçada pela mídia.


Isso tem gerado uma certa confusão quando o assunto é oferecer tratamento para o sujeito que se encontra adoecido pelo uso de drogas. Além de vítima da doença, ele se torna também vítima do preconceito e da retaliação da sociedade, o que intensifica os danos, ainda mais quando o sujeito já se encontra em estado de vulnerabilidade social.


Essa nuvem de preconceitos que envolve o tema precisa ser dissipada, para que não façamos política de saúde utilizando estratégias de guerra. Sabemos que as guerras produzem sempre muitas vítimas e muito poucas soluções, e nesse caso, as vítimas tem sido aqueles para os quais as políticas deveriam oferecer cuidado: os drogadictos.


É importante reiterar: não se faz política de saúde utilizando estratégias de guerra, pelo menos, não quando a intenção é democratizar, humanizar e promover a inserção social, diretrizes fundamentais da política de saúde mental que o SUS vem implementando ao longo desses anos. Por isso, precisamos abolir formas de tratamento que se utilizem de verbos do tipo: combater, reprimir, tutelar, capturar, aprisionar, perseguir, ameaçar, cercear, coibir, atacar ou amedrontar. Técnicas muito úteis quando se está numa frente de batalha. Por outro lado, precisamos reforçar estratégias de tratamento que façam uso dos verbos: cuidar, acolher, compreender, abrigar, escutar, oferecer, apaziguar, esperar, confiar, apoiar e possibilitar, essas sim, fortalecedoras de laço e produtoras de vida.


Muito se fala sobre a morte como destino do sujeito adoecido pelo uso de drogas, mas o que não se diz é que a morte que realmente ameaça esse sujeito é a “morte social”. Esta sim é a mais perigosa, a que chega primeiro e a que, se não cuidada em tempo, pode provocar a morte do corpo. Isso nos indica que em se tratando de política de saúde não estamos, ou pelo menos não deveríamos estar, em guerra contra as drogas ou contra aqueles que as utilizam, já que esse é o caminho mais rápido para acelerarmos tal “morte social”.


É de Slavo Zizek a seguinte afirmação: "É bem verdade que vivemos numa sociedade de escolhas arriscadas, mas apenas alguns têm a escolha, enquanto outros ficam com o risco". Na questão do uso de drogas isso fica muito claro. Apenas os membros da "sociedade de bem" fica com as escolhas, mesmo que porventura arriscadas. Nós podemos escolher entre vodka ou cerveja, se vamos tomar remédios para dormir ou para nos livrar do pânico cotidiano, podemos escolher se nossa balada vai ser movida a "doce" ou "bala". Mas os frequentadores das cracolândias ou os que estão caminhando para ela, são exatamente os que perderam suas possibilidades de escolha e ficaram apenas com o risco.

Diante dessa realidade, o único caminho sensato para se pensar as cracolândias seria no sentido de reduzir os riscos que seus frequentadores enfrentam e possibilitar-lhes escolhas, sem esquecer que oferecer-lhes escolhas não é escolher por eles. Entretanto, sabemos que em muitos casos, a degradação subjetiva pode ter lhes prejudicado severamente a capacidade de fazer escolhas. Podemos, nesses casos, criar estratégias que nos possibilitem escolher com eles, mas jamais à revelia deles, como se tem feito. Também não devemos ofertar a essas pessoas apenas dois caminhos possíveis: com drogas ou sem drogas. É fundamental também considerar possibilidades que incluam viver - com dignidade, com todas as suas potencialidades e contradições - apesar das drogas. E sem nenhuma hipocrisia, tal como faz a maioria de nós.


Freud dizia que não existe cura para o desamparo humano, ou seja, em se tratando da espécie humana haverá sempre dores, sofrimentos e angústias dos quais não poderemos escapar completamente. A psicanálise admite que ao longo da história, o homem tem se utilizado de substâncias psicoativas, como medidas paliativas para lidar com o mal-estar da existência. Usar drogas, portanto, faz parte da cultura humana desde sempre. No entanto, assistimos o fenômeno do uso de drogas atingindo contornos nunca antes vistos, especialmente na sociedade capitalista ocidental, onde ser tornou mais uma mercadoria a ser consumida. Sem falar que vivemos numa era que acredita ser possível tratar qualquer conflito, angústia, medo, dor e tristeza, com alguma droga prescrita pelo médico. E a indústria farmacêutica tem feito sua parte ofertando drogas para todo tipo de mal estar. Existem drogas para acelerar e desacelerar, para estimular e para relaxar, para dormir e para manter desperto, para desangustiar, para concentrar, para alegrar, para tirar nossos medos... Não é curioso? Estimulamos como nunca o uso de drogas farmacêuticas para anestesiar nossas dores e mal-estares e nos enchemos de arrogância e preconceito quando vamos lidar com aqueles que, foram capturados pela dependência de outras drogas, só porque não estão na prateleira da farmácia. 

 

Mas, é importante saber que existe outra saída para lidar com nossos mal-estares existenciais. Freud dirá que apesar de não podermos erradicar completamente nosso desamparo, podemos administrá-lo em favor da coletividade, do bem-estar comum. Podemos promover a gestão desse desamparo e desse mal-estar por meio da nossa ligação com os outros, pelos laços sociais, pelas redes e pontes que somos capazes de criar, manter e fortalecer. Em última análise, para usar os termos de Freud, precisamos amar para não adoecer.


Portanto, para finalizar, coloco aqui uma questão levantada nos idos dos anos 70 e 80, mas que ainda é atualíssima: queremos construir muros ou optaremos por construir pontes e redes? Nesse de 18 de maio, mais uma vez, escolha é nossa. 



Fonte: Não sou eu quem me navega, quem me navega é o mar